Una lengua muerta.
𝘓𝘪𝘵𝘦𝘳𝘢𝘭.
Porque si una lengua no se habla en la calle, en los bares, para ligar, para caer bien, para conocer gente nueva, para pedir una mesa en un restaurante o para follarte a aquella persona que te gusta… ¿para qué sirve entonces?
¿Para enseñarla en las escuelas?
¿Para utilizarla en la Administración?
¿Para los edictos, las sanciones administrativas o las felicitaciones del 𝘱𝘳𝘦𝘴𝘪𝘥𝘦𝘯𝘵 por 𝘕𝘢𝘥𝘢𝘭?
¿Para poder visitar pueblos de doscientos habitantes en el interior del país?
Cuando una lengua no te permite moverte en tu día a día, hacer tu vida en esa lengua y utilizarla siempre que te plazca —con las excepciones que siempre pueden aparecer, obviamente; ya nos entendemos—, entonces esa lengua tiene un problema.
Se está muriendo.
Tal vez lentamente al principio.
Pero todos nos estamos muriendo lentamente desde que nacemos.
Y ya sabemos cómo terminaremos…
El catalán se está muriendo.
Sobre todo en Barcelona.
Pero no solo en Barcelona.
Y claro que se habla. Y claro que puedes ir a un bar, a un restaurante o al dentista y hablar en catalán.
Pero no siempre.
Y cada vez menos.
Y hasta hace unos años, por lo menos, estudiar catalán si habías venido de fuera, era algo que se percibía como un valor. Algo positivo. Algo que abría puertas.
Ahora tengo la sensación de que, en algunos ambientes, ocurre justo lo contrario. Que hablar catalán puede parecer algo de lo que casi tienes que disculparte. Que no es cool.
Que es más fácil, más cómodo y más normal pasarse al castellano.
Y eso sí que es un problema.
Y ya no hablemos de los casos de hijos de catalanohablantes que están sustituyendo su lengua materna por el castellano. Me dejo ese tema para otro post 😉
Una lengua no sobrevive solo gracias a las escuelas, las leyes o la Administración.
Sobrevive cuando la gente quiere vivir en ella.
Aún estamos a tiempo de salvarla.
De no acabar como nuestros vecinos de 𝘊𝘢𝘵𝘢𝘭𝘶𝘯𝘺𝘢 𝘕𝘰𝘳𝘥.
¿Y tú, cómo lo ves? Te leo en comentarios.
¡Gracias por leer!