La Unión Europea corre el riesgo de quedar atrapada como un sándwich entre Estados Unidos y China.

Ayer se presentó en Bruselas la Brújula para la competitividad, que es la propuesta de la Comisión liderada por Ursula Von der Layen para dar respuesta a los retos a los que se enfrenta la economía europea, descritos brillantemente en el Informe Draghi en septiembre pasado.

El bloque en su conjunto es la segunda economía del mundo en términos nominales, tras los EE.UU, y la tercera en PPA (paridad del poder adquisitivo), superada por China. Si en 2008 la economía de la Unión superaba en un 10% a la estadounidense, en 2022, en cambio, era un 23% inferior (informe semanal número 1.329 de la revista Política Exterior).

El Informe Draghi (“El futuro de la competitividad europea”) dio un diagnóstico claro: la falta de dinamismo de nuestra economía se debe a un bajo crecimiento de la productividad (en España esto nos suena).

Y como receta proponía una política industrial que promueva la creación de grandes empresas europeas, como hacen los Estados Unidos o China con las suyas. Es decir, pasar del nivel nacional al nivel europeo, para de esta forma ganar tamaño y ser más competitivas. Puro sentido común.

Siguiendo con este razonamiento del ex premier italiano, considero que hay que tener en cuenta dos cuestiones.

Por un lado, la necesidad de crear un verdadero mercado único, superando lo que tenemos ahora, que en realidad es la mera suma de veintisiete mercados nacionales, entre los cuales existe libre circulación de los factores de producción, pero con demasiadas trabas en muchos casos.

Y, por otro, fijarnos como meta la creación de un único estado europeo, como proponía en mi artículo del 13 de enero pasado. Mientras no llegamos a ese estadio, debemos mejorar urgentemente lo que tenemos ahora.

El informe Draghi detectaba básicamente tres barreras: la fragmentación del mercado único ya apuntada; la falta de colaboración entre los estados miembros, que provoca que se diluya el gasto en I+D+i e inversiones; y la falta de coordinación de las políticas industrial, fiscal y comercial a nivel europeo.

Se requiere, por tanto, una actuación más coordinada a nivel europeo, una verdadera estrategia común en estas áreas, liderada por la Comisión, y acompañada no solo por los estados miembros, sino también por empresas, actores sociales, e, incluso, por los consumidores.

Draghi también propone en su informe un aumento del presupuesto de la Unión, que considera que debería pasar del actual 1% del PIB de la UE a un 4-5%.

A mi juicio, se deberían reformar los Tratados, para dotar de más competencias a la Unión en las áreas de política industrial, comercial y fiscal, incluyendo la capacidad de establecer y gestionar tributos, y, asimismo, cederle parte de lo recaudado en cada estado por impuesto de sociedades, que en algún momento deberá ser harmonizado a nivel europeo.

Este presupuesto expandido de la Unión debería servir para vehicular instrumentos europeos de inversión en I+D+i e infraestructuras paneuropeas, y aumentar la colaboración entre empresas y centros de investigación de diferentes estados miembros, favoreciendo, al mismo tiempo, la creación de campeones europeos tanto a nivel de empresas como de centros de investigación y desarrollo, para que tengan suficiente tamaño y puedan competir globalmente, sobre todo frente a los gigantes estadounidenses y chinos.

El plan presentado ayer tiene básicamente tres pilares: se busca apostar por la innovación, incidiendo sobre todo en gigafactorias de IA; se pretende establecer una hoja de ruta en torno a la descarbonización y la competitividad; e hilvanar alianzas a nivel global para garantizar el acceso a materias primas estratégicas. En este sentido el acuerdo con Mercosur podría ser un buen ejemplo.

Europa está en un momento crítico para delinear su futuro. El informe Draghi (y también el informe Letta) hacía un diagnóstico riguroso y marcaba el camino. Falta todavía analizar con detenimiento el contenido de esta brújula presentada ayer, y ver cómo se desarrolla y evoluciona, pero es un primer paso, y demuestra que dicho informe no ha caído en el olvido. Una buena noticia. Celebrémosla.